Ahora que no hay clima para portátiles
Ayer hablaba de lo que Yoshida opinaba del clima en torno a las consolas portátiles, uno muy machacado por los móviles, según él, y que no admite en estos momentos una sucesora de PSVita. Es posible que este sea el final de las consolas portátiles tal y como las conocemos, quedándonse finalmente los smartphones con el reino de los títulos que se juegan fuera de casa. En ese hipotético escenario lanzo la vista hacia las gafas de realidad virtual y me pregunto: ¿serán estas las que se conviertan en los nuevos sistemas paralelos de cada compañía?
Las portátiles tienen dos virtudes: poder jugarse fuera de casa y ser ese otro sitio donde las compañías sacan sus spin off, sus juegos menores, sus experimentos y sus trastadas. Si nos libramos de las portátiles, ¿qué otro lugar será el de experimentación? Ese hueco podría ser ocupado por unos cacharros que andan entre el wearable, el gadget y ser una consola nueva por eso de que la experiencia cambia por completo al ser usadas.
Las gafas de realidad virtual, como las portátiles, tienen también normas propias a la hora de desarrollar sus juegos. Así como ha quedado comprobado que un FPS fracasa en una PSVita o en una 3DS (que sí, que son todos horribles), que no se pueden proponer partidas largas en ellas, y por sus limitaciones técnicas el contenido ha de ser menor que los juegos de una consola de sobremesa, las gafas de realidad virtual también están limitadas por su propia naturaleza. En una Oculus Rift o Playstation VR será complicado jugar a un Call of Duty a nivel competitivo, y a ver cómo se plantea un juego de plataformas o un título de lucha. Sin embargo ofrecen muchas ventajas para títulos como Gone Home, los RPG o las aventuras gráficas.
Las gafas de realidad virtual, si reciben apoyo y proyectos interesantes que las comprendan como tales podrían llegar a convertirse en ese otro periférico que tenemos en casa y que acompaña a nuestra consola de sobremesa o PC, relegando el juego portátil a los móviles y buscando nuevas experiencias las compañías con este nuevo hardware.
Por supuesto, esto es todo una quimera. Las gafas de realidad virtual aún tienen un reto tremendo: comprenderse a sí mismas. Al final puede acabar ocurriendo como le sucedió a la Wii: un par de buenas experiencias y muchos juegos lastrados por un control ineficaz, siendo este en teoría su mejor baza.
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