Hay que tener unos nervios de acero y el coraje de un ejercito para subirte a lo alto de una montaña rusa y pedirle matrimonio a tu novia momentos antes de la bajada.
Entre la emoción del momento y la adrenalina acumulada en la atracción, la chica casi ni lo cuenta. Pese a lo curioso de la proposición, podemos afirmar que es el acto romántico/bizarro del año.
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